La propuesta de Abelardo de la Espriella de reconocer a Barranquilla como una capital alterna de Colombia se convierte en una burla nacional. Lo que presentó como una apuesta para combatir el centralismo fue recibido por numerosos analistas, sectores políticos y usuarios en redes sociales con una mezcla de sorpresa, escepticismo y fuertes cuestionamientos sobre su viabilidad real. El desgaste del debate en el Congreso, la modificación de la Constitución y el despilfarro de recursos públicos con esta iniciativa son algunos de los aspectos que se han expuesto en medios y redes sociales.
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Durante un encuentro de empalme regional realizado en Montería, De la Espriella anunció que impulsará esta propuesta de para que Barranquilla sea reconocida oficialmente como una capital alterna del país. El problema es que el anuncio está lejos de depender únicamente de la voluntad de De la Espriella. En redes y en medios nacionales le recordaron que el artículo 322 de la Constitución establece expresamente que Bogotá es la capital de la República. Eso significa que la propuesta no puede implementarse mediante un simple decreto ni una ley ordinaria, sino que exige una reforma constitucional. Solo este punto de la iniciativa desató la burla por las contradicciones con los discursos que hablaban de no modificar la Carta Magna.
En la práctica esto implica superar ocho debates en el Congreso durante dos vueltas legislativas completas, un trámite mucho más complejo que cualquier proyecto de ley ordinario y que requiere construir amplias mayorías políticas. Ese solo requisito ya convirtió la propuesta en una de las iniciativas más difíciles que tendría que enfrentar la nueva administración incluso antes de comenzar oficialmente su mandato. En redes se han burlado de esta propuesta por lo que implica políticamente y los riesgos económicos de avanzar en ella.
¡Se acabó el abandono centralista! En pocos días, un hijo del Caribe se sentará en el solio de Bolívar.
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) July 22, 2026
Gobernaré desde las regiones. Por eso, uno de mis proyectos legislativos será convertir a Barranquilla en la capital alterna de Colombia.
¡Firme por la Patria!
(A.D.L.E)… pic.twitter.com/t3SYIaKbqi
Pero las dudas no terminan allí. Especialistas consultados advirtieron que una eventual doble capital significaría abrir una enorme discusión sobre infraestructura, logística, personal administrativo, transporte, seguridad presidencial y funcionamiento permanente de las instituciones del Estado.
El politólogo Felipe Murillo, profesor de la Universidad EAFIT, utilizó una imagen que rápidamente comenzó a circular en distintos espacios políticos. Según explicó, intentar trasladar parte de la estructura institucional del Estado sería «como buscar mover una ballena encallada», haciendo referencia al enorme tamaño y complejidad del aparato estatal colombiano.
A todo ello se suma el debate económico pues mantener una operación gubernamental permanente fuera de Bogotá implicaría recursos adicionales para adecuación de edificios, tecnología, comunicaciones, desplazamientos constantes de funcionarios, esquemas de seguridad, operación administrativa y coordinación institucional.
🔸"Uno de nuestros primeros proyectos de acto legislativo es que se reconozca a Barranquilla como la capital alterna de Colombia".
— ♦️ JΛNDR3S (@JANDR3S__) July 23, 2026
Es como si Abelardo quisiera evitar por todos los medios a Bogotá: no se quiere posesionar allá, no quiere gobernar allá. pic.twitter.com/jcCgIsuPOf
Paradójicamente, la discusión aparece cuando el propio gobierno entrante ha insistido en que pretende ser prudente en materia de reformas estructurales. Incluso el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, había señalado anteriormente que la agenda legislativa sería relativamente «escueta», por lo que el anuncio sorprendió a varios sectores políticos.
Mientras tanto, el proyecto también abrió interrogantes sobre el verdadero alcance de la descentralización prometida por De la Espriella. El presidente electo confirmó que además de Barranquilla pretende despachar periódicamente desde Medellín y Cali, ciudades donde también proyecta instalar sedes presidenciales alternas. Igualmente anunció el traslado de la sede principal de ProColombia hacia Medellín como parte de esa estrategia.
Para algunos dirigentes regionales la iniciativa representa un mensaje simbólico importante hacia las regiones históricamente relegadas por el centralismo bogotano. Sin embargo, para otros observadores el debate debería concentrarse menos en modificar el nombre de una capital y más en fortalecer la autonomía presupuestal, la inversión social y las capacidades institucionales de los departamentos.
Barranquilla es una ciudad que aprecio mucho junto con su gente, pero ese cuento de descentralizar Colombia, no se le creo a Abelardo. Qué casualidad que ponga la ciudad donde están los Char como “la capital alterna”, justo de las maquinarias de los “nunca” que le dieron un… https://t.co/DYgkatpi6N
— Alejandro Ocampo (@alejoocampog) July 23, 2026
En redes sociales el anuncio provocó una avalancha de reacciones y burlas. Mientras seguidores del presidente electo celebraban la propuesta como una reivindicación histórica del Caribe colombiano, numerosos usuarios cuestionaban si el país realmente necesita una nueva discusión constitucional cuando enfrenta desafíos urgentes en seguridad, crecimiento económico, empleo e infraestructura. Más cuando la derecha insistió los últimos cuatro años que las iniciativas para modificar la Constitución eran sinónimo de una posible dictadura.
El alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, y el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, manifestaron su disposición para facilitar espacios donde pueda funcionar un despacho presidencial. Incluso se mencionó la adecuación de instalaciones del Batallón Paraíso y el histórico Edificio de la Aduana como posibles sedes del Ejecutivo.
No obstante, disponer de oficinas presidenciales no equivale jurídicamente a convertir una ciudad en capital alterna. Por ahora, la iniciativa permanece en el terreno de las intenciones, si el capricho continúa deberá enfrentar un largo recorrido legislativo antes de aspirar a convertirse en realidad. Lo cierto es que el anuncio es burla nacional, entre otras por intentar una reforma constitucional de semejante magnitud cuando el país enfrenta múltiples desafíos que exigen respuestas inmediatas.





